
Daniel Danilo Pozo Murgas
Doctorante en Desarrollo Sostenible
Líder de Salud Comfacesar
Es obligatorio realizar un análisis histórico de la percepción que tienen las comunidades hacia los ríos, no solo de nuestro departamento, sino de todo el mundo. Encontrar en diferentes literaturas referencias a los ríos como divisiones imaginarias entre pueblos, que generan sensaciones de no pertenecer a una población específica, permite relacionar esta percepción con la falta de sentido de pertenencia que hemos venido adoptando de generación en generación.
La situación de nuestro río Guatapurí no ha sido diferente. Al estudiar geográficamente lo que interpretamos en sentido norte-sur, encontramos que es el inicio de nuestra ciudad, separando los corregimientos del norte de la capital del departamento del Cesar, Valledupar. A pesar de que su recorrido no solo está en la zona norte, sino que bordea la margen derecha de esta capital, actualmente su localización protagonista se encuentra entre el puente de concreto y unos pocos metros del puente colgante, representando la división entre el inicio de la ciudad y las montañas hacia los corregimientos del norte.
Sin embargo, al convertirse no solo en un recurso hídrico, sino también en un recurso cultural de nuestro folclor vallenato, que ha logrado recorrer todos los rincones del mundo a través de composiciones vallenatas, se hace obligatoria su visita para personas de todo el mundo, convirtiéndose en un potencial turístico de nuestro municipio y generando un impacto positivo en la sostenibilidad económica, ambiental y sociocultural.
No obstante, el uso excesivo de este recurso, en combinación con el crecimiento desmedido a nivel comercial, el uso como club social para la terminación de muchas fiestas y la falta de acompañamiento de acciones conjuntas son algunas de las razones que hoy amenazan la preservación de este recurso para las futuras generaciones.
Reconocer que nos encontramos en un momento histórico para la recuperación del río nos invita a unir fuerzas para cambiar los paradigmas que hemos construido a través de la historia.
Hoy por hoy, podemos encontrar desde horas de la madrugada muchos deportistas que utilizan este espacio, no solo reconociéndolo como un escenario deportivo, sino también aprovechando su paisaje natural para la toma de fotos en las redes sociales, causando el mismo efecto en la divulgación de nuestra riqueza natural, pero con un enfoque totalmente diferente. Esa delimitación de nuestra ciudad que hemos adoptado de generación en generación se está convirtiendo en el punto de partida para otras actividades deportivas que, en vez de separar, nos unen con los corregimientos del norte.
No puedo pasar por alto la decisión que en su momento tomó la ciudad de Barranquilla, donde se transformaron más de 280 mil metros cuadrados de espacio público en el Gran Malecón y que hoy, sus números hablan por sí solos: más de 21 millones de visitas desde su apertura, el lugar más visitado en Colombia por cuatro años consecutivos y 4 millones en ventas diarias por local, aproximadamente -según datos de la Alcaldía de Barranquilla-.
Es la oportunidad de crecer de la mano de este recurso hídrico, potenciando nuestro turismo y, necesariamente, ampliando su alcance cultural a lo deportivo y académico para apuntar a su sostenibilidad en el tiempo. Es necesario aplicar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17, pilar transversal de la Agenda 2030, donde se requiere una cooperación entre lo público, lo privado y la academia, dejando atrás los esfuerzos de manera aislada.
En lo público, hoy podemos ver diferentes acciones con las intervenciones en infraestructura y recuperación del cauce natural, logrando un respiro al río. Pero hoy, necesariamente, se requiere un apadrinamiento del sector privado a través de inversiones que logren impulsar no solo lo ecológico, sino también lo económico. En lo académico, tenemos la oportunidad de rediseñar nuestro enfoque intramuros, donde la educación ambiental es enseñada dentro de las instituciones a nuestros jóvenes, y dar el paso alineando los PRAES (Proyectos Ambientales Escolares), proyectos de grado e investigaciones universitarias con la sostenibilidad de nuestro hermoso río Guatapurí.
