
Frank Montero Villegas
CEO Comfacesar
Colombia ha cometido durante años un error recurrente; intentar reducir la informalidad mediante controles, restricciones y sanciones, cuando la verdadera solución consiste en crear oportunidades para que las personas quieran formalizarse.
La discusión sobre los vendedores ambulantes suele centrarse en el espacio público, la ocupación de las calles o el cumplimiento de las normas. Sin embargo, detrás de cada vendedor existe una historia de esfuerzo, una necesidad legítima de generar ingresos y, muchas veces, un emprendedor con el potencial de convertirse en empresario.
La historia económica está llena de ejemplos. Numerosas empresas comenzaron siendo pequeños negocios familiares, ventas callejeras o iniciativas desarrolladas desde el hogar. Lo que hoy vemos como organizaciones consolidadas nació, en muchos casos, de personas que encontraron una oportunidad para transformar la necesidad en progreso.
Por eso, cuando hablamos de formalización, la pregunta de fondo no debería ser cómo combatir la informalidad, sino cómo construir condiciones para que quienes hoy se encuentran en ella encuentren razones reales para ingresar al sector formal.
Durante años hemos insistido en señalar la informalidad como un problema, pero pocas veces nos detenemos a comprender sus causas. Para miles de emprendedores, formalizarse continúa siendo más difícil y costoso que permanecer al margen del sistema. Trámites complejos, cargas regulatorias, dificultades de financiamiento y costos operativos crecientes terminan convirtiéndose en barreras que limitan el crecimiento de pequeños negocios con enorme potencial.
Ningún emprendedor se levanta cada mañana con el propósito de permanecer informal. La mayoría permanece allí porque percibe que los costos de ingresar al sistema superan los beneficios inmediatos que recibe. La política pública suele equivocarse cuando convierte la formalidad en una obligación antes de convertirla en una oportunidad.
Sin embargo, tampoco podemos desconocer que la formalidad sigue siendo el camino para construir empresas sostenibles, proteger a los trabajadores, ampliar la cobertura de la seguridad social y fortalecer la competitividad de los territorios. El verdadero desafío consiste en construir puentes entre ambos mundos.
En Valledupar conocemos bien la dimensión de este reto. Durante años hemos registrado niveles de informalidad entre los más altos del país, reflejando una economía donde el trabajo independiente, los pequeños negocios familiares y el emprendimiento por necesidad tienen un peso determinante.
Frente a esta realidad, en Comfacesar decidimos poner a prueba una hipótesis sencilla; cuando aparecen oportunidades reales de mercado, acompañamiento institucional y posibilidades de crecimiento, los emprendedores responden positivamente y comienzan a ver la formalidad de una manera diferente.
De esa convicción nació Expocomfacesar.
Más que una feria comercial, se concibió como una plataforma de integración económica y social capaz de conectar emprendedores, empresas, instituciones y familias alrededor de oportunidades concretas de desarrollo. El propósito ha sido generar espacios donde los pequeños negocios puedan vender, darse a conocer, establecer alianzas comerciales y fortalecer sus capacidades empresariales.
Los resultados han sido alentadores. Más de 36.500 asistentes y ventas superiores a los $1.800 millones evidencian que existe una enorme capacidad emprendedora cuando se crean escenarios adecuados para impulsarla. Detrás de cada cifra existen historias de familias que lograron ampliar sus mercados, fortalecer sus ingresos y dar nuevos pasos hacia la consolidación de sus unidades productivas.
La expansión de esta iniciativa hacia municipios como Aguachica, Bosconia y Codazzi confirma, además, que el talento emprendedor no se concentra únicamente en las grandes ciudades. Las oportunidades también deben llegar a los territorios donde miles de personas buscan progresar a partir de su trabajo y creatividad.
La experiencia nos ha dejado una lección valiosa; cuando un emprendedor encuentra clientes, acceso a mercados y posibilidades reales de crecimiento, la formalidad deja de percibirse como una carga y comienza a entenderse como una herramienta para crecer.
En este punto, el sistema de subsidio familiar ofrece una de las mejores demostraciones del valor de la formalidad. Cuando una empresa realiza sus aportes, no solo cumple una obligación legal. También incorpora a sus trabajadores y familias a un ecosistema de bienestar y movilidad social que facilita el acceso a educación, capacitación, recreación, cultura, vivienda y múltiples programas orientados a mejorar su calidad de vida.
Durante más de siete décadas, las cajas de compensación familiar hemos demostrado que la formalidad puede traducirse en bienestar tangible para millones de colombianos. Por eso, formalizarse no debería entenderse únicamente como cumplir requisitos o asumir costos adicionales. Debe verse como una inversión que fortalece simultáneamente al empresario, al trabajador, a la familia y a la sociedad.
Valledupar y el Cesar poseen una extraordinaria vocación emprendedora. Lo que necesitamos es seguir construyendo ecosistemas capaces de transformar el rebusque en empresa, la subsistencia en crecimiento y la informalidad en oportunidades sostenibles de desarrollo.
Durante décadas hemos discutido cómo controlar la informalidad. Tal vez llegó el momento de formular una pregunta diferente;
¿Qué estamos haciendo para que formalizarse resulte más atractivo que permanecer al margen?
Cuando una sociedad logra responder esa pregunta, los vendedores ambulantes dejan de verse como un problema y comienzan a reconocerse como lo que realmente son; empresarios en potencia que aún no han encontrado el puente hacia su crecimiento porque, “la informalidad no se combate, la informalidad se transforma”.

Mucho de los grandes emprendimientos que ha surgido y que hoy muchos han hecho la transición a empresas encontraron en la informalidad el impulso que necesitaban para surgir. La informalidad es la génesis, lo que hay es que darles herramientas, tecnología y un marco de regulación que propenda una transición progresiva hacia la formalidad.